10/01/2022

 LA NADA FELIZ      


A fuerza de sufrir, como ingresado incurable, por los mismos hospitales que frecuenta mi hipocondría, se concluía este patológico diagnóstico: sintomático nihilismo profundo en el pecho, que se puede infartar en un socrático romanticismo, de carácter paradójico.
Con escéptica seguridad social que conlleva tal condición espiritual, seguí el tratamiento prescrito por ningún médico. Es la mejor manera de morirse después de tiempo.
Desde entonces, me ejercité en perplejas terapias que se asemejan a peripatéticas sesiones de materialismo idealista e idealismo materialista. Y que dialécticamente alternaba, según iba creyendo o no en el ser humano. A menudo, en caso de perfecta duda, abrevaba sobre clásicos breviarios grecolatinos, así fortalecía y calmaba en algo la delicada salud de mi incierta eudaimonía.
Hasta que llegue el momento, parecido a ese instante no lejano e inesperado de cualquier día, en que pueda alcanzar aquella serena sabiduría del olvido, que nos salva de toda culpable mortalidad.  Ante cuyo lacónico e ininteligible epitafio seré yo su contemplada lectura del porvenir. Un pensamiento, en los versos de la memoria, de algún transeúnte extraviado y solitario que declama: "Solo viví, siendo feliz en nada."





















En velatorios del alma y otros poemas

Viejos niños

            Envejece hasta que nazcas morir de nuevo,                           ama a quien no quiere amar de otra manera             creand...

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