Amatoria criatura que transgrede la belleza de su olvido,
Oscuridad es la niebla más clara del alba que te nombra
Abismo de transparentes silencios inundando lo perdido
En los naufragios paraísos que salvó el mar de tu palabra.
Arderá la memoria que no fuimos en la noche extinguida
Atado a un sueño, nadarán sobre el azul del último verbo
Los cantos de lejanos Ulises y su voz caída de una sirena:
Nuestro es el sacrificio ensangrentado de amar de nuevo.
No hay bocas desgarradas que mueran sin nacer besos
Ni esa presencia que lo que el corazón del alma no fuera
Su vacío intangible latiendo el tacto de nuestros huesos.
Quemada flor que regresa al aire de su eterna primavera
Bajo aquella tierra espera que reguemos soles de cielos
E incendios de lluvias, la blanca rosa de nuestra calavera.
