Gira un redundante interrogante dando vueltas
alrededor de la duda incierta de pensar el alma
sobre esa anatomía espiritual que nada implora
se crea otra razón en el sol de nuestras tinieblas.
Ya verbo incinerado que responde a este misterio
su alud de escombros, fríos que acumula el fuego
en la ajada dejadez de sus palabras donde sonrío
y ahogan las orillas innombrables de nuestro ego.
Solo el absurdo nos devuelve el sentido del amor
conjugando el pronombre eterno de un nosotros
entre aquí y más allá de su trascendencia interior
Por ese corazón animal que nos mira a los ojos
y se torna belleza dormida en insomnios de dolor
en ser lenguaje inagotable a nuestros silencios.

