Al fin, como quien no quiere nada entre las cosas
tras su fondo ineluctable de ser invisible sombra
derrama nuestra razón con la herida de las rosas
responde con preguntas nuestra ignorancia sola.
Qué serpentina de palabras caen a lo que nombra
y asciende hasta crear este amor alegre y absurdo
qué confeti de tinieblas amanecen ante el abismo
y ese triunfo que vive nuestra carne en la derrota.
Aquí termina la fiesta y todavía no hemos nacido
para saber si existe nuestra muerte sin estar vivo
o si es el vacío sueño de otro iterado sueño vacío.
Y sea música esa voz que canta a nuestro silencio
su eco de sonoras memorias repitiendo el sentido
póstumo y polifónico horizonte de nuestro olvido.







