Deseo que viajes en mí
con esa asombrada sensibilidad tuya
que recorre de sol a sol
el mar admirable de los vértigos
en verano.
aquel tiempo pasado
de este espacio futuro que soy contigo;
la ciudad que, como una isla desconocida,
ha de naufragar en nosotros mismos.
Pero ¿ hay algo o alguien que salve
nuestra sacrificada, trágica esperanza,
que siempre vuelve y vuelve a lo imposible ?
Justo al lado de las desoladas costas y los lejanos acantilados
de nuestra decepción, en muelles de la ensoñación
o en dársenas de mercantiles utopías,
embarca y desembarca el mismo pasajero
de ese otro navegante corazón que no sabe
dónde queda la derrota de nuestro amor,
en qué rumbo se halla nuestra geografía por vivir.
Y, sin embargo...
Ni aun quemando las heroicas naves de su existencia
cuyas cenizas fueron memoria bajo la odisea del olvido
ni enarbolando hasta el firmamento sus negras palabras
que dieron legendario y profético nombre
al fin de todos los sueños.
Nunca ha dejado Ulises de soñar,
ni por un solitario instante del más insignificante vacío,
que tú, Homero,
también existías.