Florece de nuevo, sobre los elevados prodigios
y las subterráneas miserias, la sola primavera
de nuestro amor, el sentido que nunca declara
otra verdad que la de creer que estamos vivos.
De pura oriflama esa voz que nace en el viento
que oye nuestro silencio entre su canto eterno,
que labra con sangre las palabras bajo el cielo
de lo más humano e ininteligible de tu infierno.
Pues se desnuda el arco-iris de la noche y acaso
sea sol que inmensamente nos habita lo incierto
o soporta aquel dolor todo en el vacío del ocaso.
Así la memoria de tu corazón y el amado olvido
han de escribir lo que imagina cualquier muerto:
quien hoy será ayer y es mañana lo que ha sido.