No hay lugar en los espacios que se esconda
y encuentre el vacío de ti mismo, de sus cosas.
No hay instante en el tiempo que no se pierda
hacia la eterna irrealidad de nuestras sombras.
Qué halo taciturno, bajo la trascendencia toda
donde prevalece la inútil verdad de lo sublime
fugaz se cobija la conciencia, su palabra muda
en la incertidumbre respuesta de no ser nadie.
Tararearemos otra vez esa metafísica geometría
aquel centro periférico de este lenguaje inmenso
que proclama el nombre de nada a la existencia.
De nuevo y cada vez que se imagina el universo
soñamos con el sentido infinito de lo que sueña
un coro de gallos cantando al nocturno del alba..
