Sin duda
hay una grieta
erosionando la inquieta incertidumbre
de tu cuerpo
donde se hospeda el exilio impermanente de la nada.
Un horadamiento que desgarra lento el abatimiento
y su acumulada ausencia fingida
del alma.
Algo así como una herida encendida, una hendidura
de sangre con palabras
en la biográfica oquedad de tu escritura.
Por dentro me voy buscando afuera
sobre restos abandonados
por los últimos escondites
de la noche
cuando desde lo alto y mucho más abajo
fui vencido a la depresión
de los acantilados y los hundidos
equilibrios de la memoria.
Y, una vez extraviado, perdido definitivamente
renacer de nuevo
junto a ese llanto insaciable que nos da la risa
o aquel imperturbable fulgor del amor y su delirio
con su desgraciada y feliz conciencia de ser
otra conciencia feliz y desgraciada de la vida.
