Incluso en los ocasos se irá contigo
el final último de aquella esperanza
ese sol humano que ha sido testigo
a lunas y tierras que la noche lanza.
Un júbilo melancólico en despedida
saluda al viento de tu materia muda
tu oxidado llanto de sonrisa suicida
que no salvará ni a Cristo ni a Buda.
Cadáver al mar de un páramo fuiste
paraje delirante del ego cuya razón
niega su sentido a lo impermanente.
Descansa, incansable voz cansada
allí, un hombre sangra sin corazón...
no quedará vacío que dar a la nada.
