Adivina el pasado que fuiste mañana
aciaga armadura de nuestro espanto
que se declara invisible lo que canto
su profética luz de orfandad humana.
Será suceso arrebatado del presagio
con que responde la duda inapelable
su danzante quietud a lo innombrable
nadando en la corriente del naufragio.
Quizá ose aceptar que otro allá existe
la ósea divinidad de nuestro recuerdo
y sea disfraz sonoro que dice sentirse
igual al personaje de algún escenario
anónimo. Óbito de un teatro olvidado
interpretando el papel de ser misterio.
