No hay noche que no me levante cada día
y salude a ese último rostro en despedida
por si digo hasta mañana y todo se olvida
con tu nombre de ser otra oquedad baldía.
En tanto que duermo tálamo de mi alcoba
con negras sábanas, su vetusta almohada
donde se horada esta testuz testimoniada
aquel de cuyo espíritu su materia engloba
El cuarto piso en el edificio de tu universo
sueña que sueñan vecinos extraterrestres
en dormida nada del incansable descanso.
Mas si volviera a despertarme en tu sueño
sería contigo cuando me sueñas despierto
aquello que ama nuestra solitud sin dueño.