Sale el algoritmo del amanecer, en su horizonte
de nubes. a ser un cielo que nunca se equivoca
y más allá de su verdad está el óbolo que evoca
ver a nuestro muerto sobre la barca de Caronte.
Cuando seamos anochecer del error sucumbido
del tiempo que nos hace llorar toda la eternidad
tras esta ilusión en disfraz de nuestra identidad
hecho esqueleto de espíritu, carne de un olvido
Que nos navega en naufragio indefinidamente
o en el asombro perfecto de esa otra ignorancia
con que se muda el lenguaje hacia lo inmutable
O si adivina imposible la ecuación interminable
en el póstumo orgullo de nuestra insignificancia
a ese adagio que presagia morir de inexistente.
