Y vuelvo a mi espejo interior donde otro
nadie mira el nombre de tu cuerpo ciego
y habita dentro de este olvido que niego
por tres veces el manicomio de tu rostro.
Qué dirá el difunto verbo del pronombre
de tus ojos que se queman con la tierra
como silencio de aquel error que aterra
y no duda en ser probada incertidumbre.
Entre la máscara y su reverso, el doble
exorcismo de no estar en ninguna vida
y decir que seguimos vivos en la noble
conciencia de nuestra divinidad fingida.
Por ese desengaño, se cree que muere
toda existencia, toda eternidad perdida.
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muy bueno
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