Y aún así fuimos a buscar el fin del mundo
cuando el mundo no tenía fin para nosotros.
Casi desde un principio nunca hemos sido
más que abandono entre retratos perdidos.
Si todo acaba en ceniza y termina en alada
mudez, lloro asignado a nuestra esperanza
al ilusorio trascender que su deseo alcanza
y renace ser el enamorado de no ser nada.
Porque sufrimos ignorar su vértigo respirar
la vertical perspectiva del saber en agonía
su horizonte dibujado en los muros del mar.
Reza inexplicable la razón de tanta alegría
de aquel milagro que nos condena a soñar
que, la eternidad, es el fin infinito de un día.

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