En medio de la inmediata calle futura
se pasea el pasado de un hombre
esperando a que se presente su ahora y le hable.
A que toda voz le reconozca y converse
con el aire verbal de su tiempo, o dialogue
por entre monólogos espíritus
de contradicción
con sus afirmativos pronombres que se niegan
a demostrar si es lo que será que fue
mientras esta aquí o más allá de esto, de eso y aquello.
Quizá nadie en persona
y ante el tribunal empírico de nuestra historia
acepte a declarar la imposible verdad
de conocerse a sí mismo.
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