Deja que el delirante jardín de tus delirios
alimente esa recóndita razón que nombra
deshojados pétalos a una flor sin sombra
lo que ama y no me quiere de los deseos.
Surge inmensidad de lo que ha sido vano
cuanto de inútil nos sirve el desconsuelo
de una alegría cualquiera, el averno cielo
imaginando ser nuestro corazón humano.
Mas si por dentro de nuestra lejanía fuera
sentir esa incierta brevedad que amamos
el fin de esta esperanza que nadie espera
Cuando sobre los inexplicables entonces
del quizás creyente en escépticos dioses
será la prueba improbable de que existes.
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