Se requiere que tanta soledad descienda
cuando sea nunca espacio, donde esté ningún tiempo
hacia la ausencia más presente de tu infancia
y luego se mude en blanco llanto
ennegrecido por su vuelo
hasta que su frío desahucio contemple
cómo el amor se quema
dentro de los nombres que habitaron tu mirada.
Todavía, aquella esperanza abandonada por el mar,
este cuerpo intangible a nuestra voz
que divaga sobre las calcinadas aguas
de una hoguera
esa memoria de firmamento que olvidan las estrellas
la biografía de nuestra realidad construyendo su propia leyenda.
Sellada oquedad irrepetible cuya huella
nos desangra navegar
como si fuéramos naves fantasmas
atravesando los antiguos naufragios de un desierto.
Porque ha de extinguirse de vida
belleza que inspira lo inefable de toda derrota
el canto solitario y perdurable de un poema
que escribe su muerte en ti.
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