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Alguien se aproxima al centro de su lejanía
esperando la llegada de otra desesperación
que haga compañera luz de nuestra agonía
esqueleto quemado para nuestra salvación.
Ora la hora del punto sin retorno, la oración
de dios que no quiere ser dios eternamente
la misericordia abandonada de su extinción
donde queda la ausencia de nadie presente.
Pero tu nada lentamente, vislumbra la orilla
aquella que descansa el cuerpo de nuestro
amor, de cada alma irrepetible, su maravilla.
Esa certeza de encontrarse consigo mismo
desde la duda de siempre, el sagrado estro
intentando alcanzar otro cielo de tu abismo.

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