Pero, dime, quién ha expulsado
con su entrañable vómito de paraíso
nuestra indescifrable pasión
de haber sufrido
la embriaguez de todo exilio, la descarnada lejanía
que separa el deseo y su delirante prisión
de seguir queriendo lo que deseas.
con su entrañable vómito de paraíso
nuestra indescifrable pasión
de haber sufrido
la embriaguez de todo exilio, la descarnada lejanía
que separa el deseo y su delirante prisión
de seguir queriendo lo que deseas.
se levanta el viento de la abundancia
para que crezca el fruto vacío
de nuestro nombre.
Esa subterránea soledad
que comparten los humanos
a dos metros bajo cielo
sus áureos crepúsculos y cárdenas alboradas.
Aunque el verdadero lugar
de tu infancia fuese
aquella felicidad que no existe.
Vuelve, regresa contigo mismo
a encontrarte y ama nuevamente:
que el amor sin su infierno
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