,Peru he llorado tantas voces para que duermas
lentamente bajo la amarga odisea del insomne
que huye tras el eólico sufrimiento de lo inane
por ese París fugitivo de extraviadas periferias.
Lejanamente cerca, se bifurcan los imposibles
en cada palabra que desea cruzar esa realidad
de tí mismo, el fin de nuestra posible oquedad
nuestra palpable hendidura de ser intangibles.
Yo no eres sino mi ojos tu espíritu conjugando
el infinitivo esplendor del sol y sus naufragios
eso que habla la mirada en tu sonrisa llorando.
Qué verso no es presente de un poema viejo
su retorno retumbar sin cesar de tus silencios
qué trilce cáliz los heraldos humanos, Vallejo.
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