Con qué presente ausencia el cuerpo arrienda
lo que ama, lo que su carne ya esconde
y se disfraza en dureza del aire,
su tangible hueco de habitar un alma.
Adentro hay otra máscara que danza
en cielos oscuros por ver el alba
Ese rostro semántico que lanza
nombres a su misma nada y se salva.
Por su coral lucidez, las vidrieras
que ilustran de estatuas a los silencios
consuelo desesperado en tinieblas.
Ha de cantar, a corazón de olvidos
con voz tan devastada de sus tumbas
que morirse no exista entre los muertos.
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