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Toque de resuellos, amarillejas yerbas de los frlos
pedregales, pastor del hambre y sed de su ganado.
Cúan vano el aire que traspasa ese pastar gastado
por quien respira costumbre de los días olvidados.
Olisquea el ojo animal de los yermos al atardecer
como una mirada que baja a enterrar su oscuridad
allí subia el rebaño hacia soles de su sola soledad
en majadas que se abren al cobijo del anochecer.
Allí, el firmamento sonoro y la humilde naturaleza
en nuestra desnudez dormian, latidos durmientes
que cantan con verdes lunas las baladas del alba.
Levantad, degollada cordura, cordero enamorado
salgamos por donde la intemperie de las fuentes
celebra la épica leyenda de un corazón derrotado.

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