Ubica la extrañeza de tu solitario amor
ese reconocer en otro su sola soledad
de nosotros mismos, carnal identidad
espiritu innombrable de nuestro dolor
Sobre la cambiante presunción de ser
culpable por toda inocencia indefinida
qué deseo juzgará de memoria la vida
olvidada, en ser sabiduría de no saber
que no somos cuando estamos vivos.
Aun dura todavía la delicadeza etérea
que respira de naufragios tus sueños.
En vivificante belleza de tu extinción
soy yo tu cercano prójimo lejanísimo
que canta al silencio de esta canción.
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