En solista sinfonía se oye nuestro arcoiris
nocturno, clavicémbalo cantar de violines
en réquiem triunfal, la melodía del éxtasis
que va danzando más allá de los confines
donde somos espíritu de carne enajenada.
Por dentro, el aire de Marsias nos reclama
aquel oyente aulós de su desollada ánima
otro lírico silencio de la instrumental nada.
A Euterpe, la sorda, no le depierta el ruido
desmedido de nuestra miedosa confusión
letra que domestica y desmiente lo vivido
dejándose un diáfano concierto de dudas.
¿Quién levantará nuestra musa insumisión
y cambie la música de nuestras miserias?
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