Nos abraza la nieve de una despedida
que no queremos, de algún tal vez día
viendo nuestra cierta mañana sin vida
tu ese instante último de la noche mía
mi lejano desvanecerse de tu sonrisa
que llena de luz nuestra sombra vacía
tu espiritu despojado de mi compañia
nuestro credo eterno del no hay prisa.
Absurda virtud que pecamos por vivir
negada inocencia de nuestra felicidad
la conciencia de pensar nuestro sentir
En la mente una de tu cuerpo fraterno
¿quién dará sentido adiós a la verdad
niña que muere una tarde de invierno?
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