Hoy siento la sintáctica pasión de hablar
otra vez contigo, de aquel ayer no dicho
sobre la infausta dicha del dichoso amar
esa venidera escultura de nuestro nicho.
En mi tallada sombra que nombra tu luz
e incendia estatuas cual ceniza humana
de tu impermanente meditación en cruz
que entierra nuestra insalvable mañana.
Y cuando se despierte el sueño podrido
abandonada rosa de nuestro desengaño
y así florezca como feliz nada de olvido
En los jardines perdidos de su memoria
nos encontrará lo que fuimos buscando:
la esperanza de ser una eternidad vacía.
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